En el corazón de la región filipina llamada simplemente La Cordillera, al norte de la isla de Luzón, se encuentra la provincia de Kalinga. Una naturaleza en verde perenne, con altas montañas de suaves contornos en las que habitan desde hace siglos comunidades tribales, la ha hecho famosa en el resto del país. En las faldas de esas montañas, entre arrozales cuya disposición geométrica se graba en la retina del visitante desde el primer momento, siguen en pie muchos de los poblados de dichas tribus.
Hoy corren otros tiempos, y el aislamiento que la orografía regalaba a estos pueblos dista del de antaño. Caminos asfaltados atraviesan algunos de los valles principales, comunicando Kalinga con sus provincias vecinas y propiciando el inevitable cambio que el contacto y exposición con otras gentes implica. Lo inaccesible se ha vuelto accesible. Lo remoto, cercano.
Aún así, cuesta sudores y jadeos llegar a la aldea de Buscalan. En el camino, el foráneo se cruza con agricultores y niños que juegan mientras corren a refrescarse en las cascadas cercanas. Si bien hay sonrisas y gestos de bienvenida, la expectación o sorpresa de los locales propia de otros pueblos de la zona (u otras áreas de semejantes condiciones) es inexistente. La rutina, en total fidelidad a dicho término, sigue su curso obviando la mirada exterior. Hay varios grupos charloteando en las puertas de sus casas, otros llegan de recolectar el arroz, y cerdos y gallos campan a sus anchas entre las casas.
Sin embargo, Buscalan representa más para la cultura de la región que lo que el mero punto que la sitúa en un mapa aparenta. Allí está el hogar de Whang Od. Esta sonriente anciana, además de una forma física impropia de su edad, mantiene una costumbre que los nuevos tiempos comienzan a extinguir. Es una tatuadora. La última descendiente de una familia cuyo legado se remonta varias generaciones. No conoce las máquinas modernas, las agujas esterilizadas ni las camillas. Ni las necesita, pues en su entorno encuentra cuanto necesita para tatuar. Y por sus manos, que nadie acierta con precisión a decir cuántas primaveras cuentan, han pasado cuerpos de todas las familias de su tribu.
La técnica que emplea es tan sencilla como antigua. Una espina de calamansi (Citrofortunella microcarpa, un cítrico común en el sudeste asiático) es clavada al borde de una rama del mismo árbol, y en su punta se coloca cada poco tiempo un mejunje a base de carbón espesado con patata dulce. El delgado brazo de Whang Od golpea con velocidad y determinación una vara de bambú haciendo aparecer poco a poco sobre la piel los diseños, casi siempre figuras geométricas. A las mujeres, dice ella misma, les aporta belleza. A los hombres, gallardía. No en vano, aún queda algún tatuaje de un águila en el pecho de algún anciano, que los nativos traducen como una cabeza arrebatada en batalla a los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.
Cada fin de semana varias personas procedentes de la capital, Manila, peregrinan hasta Buscalan. Suelen tener ya algún tatuaje decorando su piel y no dudan en afirmar que tener otro más de Whang Od es como una bendición, un honor y una suerte porque “en poco tiempo ella será historia”. Saludan a la artista con veneración, recogen con las cámaras de sus teléfonos la solemnidad con que sienten el acto y no dudan en afirmar que los apenas seis o siete minutos que tarda un nuevo tatuaje en nacer justifica sobradamente las cansadas horas de autobús y caminata hasta Kalinga. Tan pronto lo reciben, sin detenerse a más, emprenden el regreso.
¿Qué puede reprochársele a Whang Od? ¿Quién podría objetar que alguien continuase con tan antigua tradición? La respuesta más inmediata probablemente sea nada y nadie. Y mucho menos lo hacen sus vecinos. Una de las casas de la aldea ha sido transformada en una pequeña pensión. Hasta ahí todo sigue siendo comprensible. Las leyes no escritas de la supervivencia económica se adaptan a los nuevos tiempos, llegando a lugares como Buscalan. Muchas otras casas alquilan alguna de sus habitaciones cuando la pensión está llena (cosa harto frecuente). Unos ofrecen comida a precio desproporcional. Otro procura vender marihuana a cualquiera que pase por allí. Al preguntar por un aseo, nos dijeron que no fuéramos sin pagar antes. Era una letrina comunitaria. Un funcionario vino cayendo la noche a cobrar una dudosa tasa medioambiental que, como aseguraba, invertirían en garantizar la seguridad de quien duerma en el poblado. Pese a la pureza del entorno, el aire en Buscalan me parecía enrarecido.




Ignoro cuán ajena es la propia Whang Od al “circo” montado sobre su persona. Lo que sé es que me fui de Buscalan con pena. Pena por ver cómo nos vendemos. Por comprobar cómo un patrimonio intangible macerado con el paso de varios siglos tiene un precio que se paga con billetes. A la muerte de Whang Od quedarán miles de historias impresas en pieles de todo el mundo, y la idiosincrasia de su propia aldea destruida por un fenómeno que desgraciadamente se repite por todo el mundo. Pena por sentir que la ambición económica nos une más que lo que nos separa nuestra diversidad cultural.
Caminando escasos kilómetros entre los arrozales llegamos a otra aldea de la misma tribu. Fuimos bienvenidos en ella nada más llegar. Nos regalaron comida, buena charla y ante la eventualidad de un entierro, nos invitaron a él para hacernos partícipes de su cultura. Se miraban atónitos cuando les explicábamos todo el tinglado de Buscalan, y nos devolvían la mirada cómplice al sabernos allí con ellos. En sus ojos sentí que ellos también tenían pena.
Hola Antonio,
Queremos acercarnos por la zona. ¿recuerdas el nombre de este segundo pueblo a escasos kilómetros de buscalan? ¿ligera idea de como llegar?
Muchas gracias
¡Hola Joaquín!
El pueblecito se llama Butbut Proper, y a cualquiera que le preguntéis en Buscalan por cómo llegar os informará. No tiene mucha pérdida. De hecho casi se ve, entre los arrozales, desde allí. Casi todos los pueblos de esa zona tienen caminos (en mejores o peores condiciones) entre los campos de cultivo que los conectan, así que no os preocupéis mucho por eso.
Si no queréis pasar por Buscalan hay un sendero (con bastante desnivel, si lo hacéis de subida lo veréis) que sube desde la carretera del valle hasta Butbut.
¡Suerte y buen viaje a Kalinga!
Hola Antonio. Acabamos de leer tu artículo de whang od. Queremos ir desde manila a visitarla y también queremos ir a poblado de butbut proper que nos comentas. Hay alguna forma de saber la ubicación exacta? Como podemos llegar desde manila? Un abrazo
¡Hola Estefanía!
Justo acabo de responderle a Luís en el comentario de abajo con la misma pregunta.
No dudes en escribirme si puedo ayudaros en algo más.
Un saludo, ¡y buen viaje!
Antonio.
Hola Antonio,salgo el 15 de diciembre a Manila y queria saber en que moverme desde manila a buscalan,¿ en bus o en que?y sobre quearnos en el pueblito Butbut y llegar a buscala solo para ver la anciana .Te agradecri auna respuesta,ya que viajo con mi mujer y mi hija y no queria andar perdido ajjaj .Saludos
¡Hola Luis!
No es demasiado difícil llegar a este pueblecito desde Manila, aunque el trayecto sí que os tomará más de un día. Un itineario que os sugiero sería subir hasta Baguio, una conocida ciudad al comienzo de la cordillera filipina, a la que parten varios buses diarios desde Manila. Desde allí, en un segundo autobús podéis ir a Bontoc, donde deberéis tomar un tercero que salga hacia el Norte, y hacer parada en Butbut proper. Esa ruta es particularmente bonita por los campos de arroz que veréis a la derecha del camino, así que no dudéis en elegir ventanilla. Si vais a hacer noche en Butbut, lo mejor será llegar allí temprano (o en la tarde anterior), elegir un alojamiento (hay varias casitas que ofrecen habitaciones, y un pequeño hotel en la misma carretera) y comenzar el camino a pie hasta Buscalan. Los locales de la zona son muy simpáticos, y os ayudarán sin problemas indicándoos dónde empieza el sendero. Veréis que no tiene mucha pérdida.
Espero que os ayude de algo el comentario. Cualquier duda me decís, que estoy encantado de ayudaros.
¡Buen viaje a Filipinas!
Antonio
hola quiciera saber que dinero puede salirme un tatuaje de esta señora y tambien como llegar desde Argentina. muchas gracias!
tatuo hace 23 años y seria un honor llevar parte de su historia en mi piel … gracias!
¡Hola Andres!
Llegar al poblado de esta señora no es muy complicado. Deberás tomar varios transportes desde Manila, la capital del país. Si miras el comentario justo por encima de éste verás con detalle dónde debes dirigirte. Es fácil de localizar el pueblo de esta señora. Sus tatuajes no son caros, creo que dependían del tamaño, pero calcula un0s diez dólares USD por una obra de tamaño medio.
Si puedo ayudarte en algo más no dudes en preguntar.
Un saludo.
Antonio es maravillo lo que haces! FELICITACIONES! NAMASTHE!
¡Muchas gracias Andrés! ¡Buenos viajes! 🙂
Hola Antonio,
Una pregunta, los tatuajes la señora te los hace según lo que perciba en ti, u tu se los pides en base algo que ella te muestre de su cultura?
slds
Ivan
¡Hola Iván!
Yo todos los tatuajes que vi eran pedidos por quienes iban a hacérselo. Suelen ser motivos geométricos, muchos de ellos (no siempre) con algún simbolismo detrás. No sé si “a petición” hará también otra cosa.
Espero que te sirva la respuesta.
Un saludo y buenos viajes.
¿ sería tuguegarao el aeropuerto mas cercano a buscalan?
gracias
¡Hola Francisco!
Creo que sí, que ese sería el más cercano, pero es un aeropuerto pequeño, al que deberías de volar desde Manila. No tengo ni idea de dónde habrá vuelos hasta allí. En el caso de que no vayas en avión, una vez en Filipinas, lo más fácil para llegar a este poblado es tomar un bus a cualquier ciudad grande de la Cordillera (Baguio, por ejemplo, a la que encontrarás muchos buses) y desde allí seguir hasta Buscalan.
En un comentario más arriba, en el que respondí a Luís, tienes muchos más detalles de como llegar.
¡Buen viaje!
Antonio.