El antiguo Egipto es un mundo que no nos resulta extraño. No era fácil que las pirámides pasaran desapercibidas, es evidente. Además, desde sus orígenes, Hollywood ha venido exprimiendo el mundo faraónico de manera ininterrumpida —demoliendo los bloques de la historia hasta convertirlos en fantasiosas tormentas de arena—. No han faltado a la cita nazis ambiciosos, extraterrestres o camiones transformados en guerreros. Sin ir más lejos, este mismo año llega una nueva versión de las perversas momias repleta de efectos especiales y con Tom Cruise como protagonista.


El antiguo Egipto se ha convertido en un motivo recurrente para las fantasías más desbocadas de Hollywood. Es cierto que no tiene ningún sentido reclamar rigor histórico en sus producciones, pero que alguna de sus películas tuviera un poco tampoco estaría de más. El hecho es que la mayoría de mortales no conocemos más de media docena de tópicos sobre el tema. Para la mayoría, la civilización de las pirámides no es más que un mundo antiguo, lejano, exótico pero caducado, sin ninguna relación con nosotros, ¿verdad?
Nada más lejos de la realidad. Además de ser una de las grandes civilizaciones de la antigüedad, el antiguo Egipto ejerció una influencia enorme en el mundo mediterráneo y el resto de sus culturas. Hagan el ejercicio, observen un kuroi griego y después busquen en Google, por ejemplo, la estatua de Ranofer, funcionario de la V Dinastía. Otro caso: todos sabemos de la gran devoción que muchos cristianos profesan a la madre de Dios; pero, probablemente, pocos de los creyentes que se arrodillan frente a la Virgen María con el Niño Jesús saben que también lo están haciendo frente a Isis y Horus. Para una referencia menos trascendente basta con recordar que con cada cerveza que tomamos también ingerimos algo de la historia de Kemet —la tierra negra—, el nombre con el que sus habitantes conocían Egipto. Y un pueblo que consideraba la cerveza como una bebida de dioses, tampoco debió ser tan diferentes de nosotros.




Para saber más sobre la cultura egipcia no hay nada como los libros, claro. También se han elaborado buenos documentales. Por ejemplo la reciente miniserie Tutankamon sobre el arqueólogo Howard Carter y el descubrimiento de la tumba del joven faraón; o Historia de los antiguos egipcios, un extraordinario trabajo dirigido por Tony Mitchell basado en historias reales extraídas de inscripciones y de antiguos textos egipcios. Probablemente, la mejor y más ambiciosa serie documental que se ha hecho nunca.
En cambio, en el campo de la reconstrucción histórica en vivo el vacío es enorme. Por esta razón tienen una especial relevancia las representaciones que se llevan a cabo en Tarraco Viva, el festival dedicado a la divulgación de la civilización romana y del conjunto de civilizaciones mediterráneas. Se trata de un singular festival cultural, centrado en la historia del mundo clásico, que se celebra cada mes de mayo en Tarragona.
La edición de este año del festival Tarraco Viva tiene por título Roma Y Grecia. Adriano, un emperador para dos culturas y está dedicada a explorar las relaciones entre Grecia y Roma.
Volviendo a Egipto, el festival ha vuelto a programar para este año un par de representaciones dedicadas específicamente a hablar del culto al más allá de los egipcios: Momia, el viaje al más allá y Cenando en las puertas del duato, ambas centradas en explicar los rituales, los procesos de momificación y los significados religiosos vinculados con el mundo de la muerte en el antiguo Egipto.
Centrarse en esta temática para abordar el mundo egipcio tiene mucho sentido. Permítanme reproducir unas palabras de Jan Assmann, uno de los egiptólogos más reputados: “Probablemente no existe en todo el mundo ninguna otra tradición funeraria que documente y represente en medida comparable a la de las tumbas egipcias el conjunto de una cultura, con su más acá y su más allá, con la vida profesional y el culto a los muertos, con la existencia individual y social. Esta singularísima significación cultural de las tumbas en Egipto, que no tiene paralelo conocido, llamó ya poderosamente la atención de los viajeros de la Antigüedad. Desde el punto de vista de la moderna egiptología las frases que Hecateo de Abdera, que viajó por Egipto en torno al año 300 a. C., dedicó a este fenómeno dan de lleno en el clavo. He aquí su texto:
‘Los nativos otorgan un valor exiguo al tiempo de su vida. Conceden sin embargo la máxima importancia al tiempo de después de su muerte, durante el cual, y en virtud del recuerdo de su virtud, se permanece en la memoria de los demás. A la habitación de los vivos de le da el nombre de “apeadero” (katalyseis), puesto que en ella sólo se vive un breve tiempo. Las tumbas de los muertos por el contrario reciben el nombre de “casas eternas” (aidioi okoi), ya que es infinito el tiempo que se permanece en el Hades. Tampoco se preocupan gran cosa por equipar sus casas, en tanto que ningún gasto les parece excesivo para equipar sus tumbas (Hecateo de Abdera, citado en Diodoro, Bibl. Hist. 1, 51)”. [1]


El interés de los antiguos egipcios por la vida tras la muerte es evidente, pero la pregunta clave es difícil de contestar —si no imposible—: ¿Por qué esa obsesión? ¿Para escapar de un “valle de lágrimas” o por todo lo contrario? Esta interesante cuestión se aborda también en las representaciones programadas que están a cargo de dos empresas especializadas en la divulgación histórica, Argos Tarragona y MV Arte. Esta última, además, está formada por dos profesionales de las Bellas Artes creadores del extraordinario material y mobiliario que se utiliza durante los espectáculos. En el caso de Cenando en las puerta del duat, además de asistir a la representación, los asistentes pueden degustar una cena inspirada en la gastronomía del antiguo Egipto elaborada por el restaurante Almosta.
Sin duda, representa una tentadora oferta cultural para los amantes del mundo egipcio y para cualquier persona curiosa por conocer el pasado —en buena medida también nuestro pasado—. Además, se trata de los únicos ejemplos de reconstrucción histórica de esta temática en España y, probablemente, en Europa.




Información detallada en la página del festival Tarraco Viva.
[1] Jan Assmann, Egipto a la luz de una teoría pluralista de la cultura. Akal, 1995 (pág. 23)
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